domingo, 12 de enero de 2025

"La ciudad y los perros" Mario Vargas Llosa - Reseña

 9 de enero de 2025


Me es difícil hacer esta reseña. Las palabras no salen porque los sentimientos las atan. Hay tanto entrelazado a las páginas de Vargas Llosa: un club de lectura inconcluso, las ruinas de un corazón traicionado, las calles y el sudor recorriendo Lima (la bella, la gris, la horrible -Salazar Bondy- la colonial, la republicana, la de los besos, las miradas crueles, los poetas, el pisco, las marineras, el mar, la playa rocosa, los sabores, la papa a la huancaína). Además, son ya 62 años de su publicación ¿Qué se puede agregar sobre una novela de la que ya se ha dicho todo?


Las dos partes que la componen, de ocho capítulos cada una, más el epílogo, varían entre un narrador en tercera persona y dos en primera, que se detienen en el pasado y presente de los cadetes del Leoncio Prado, sus familiares y algunos militares. La historia (su fábula, dirían mis estudiantes que juiciosamente han apropiado los términos de la narratología) se centra en la muerte de Ricardo Arana, bautizado como el Esclavo, en medio de la fiera y masculina vida en el colegio militar.


En cuanto a elementos estilísticos, destacan un extraordinario -aunque no continuo- flujo de conciencia que se funde, en ocasiones, con el estilo directo e indirecto libre. Además, sobrecoge la maestría con la que el Nobel logra crear imágenes poderosas con sencillez, explorando la riqueza de la lengua y del habla peruano (la edición de la RAE viene acompañada de un glosario de peruanismos). 


Aunque es más que evidente que la novela se dedica a la masculinidad (entre perros, cadetes, imaginarias, capitanes, tenientes, coroneles, padres mujeriegos o abusivos, y hampones de baja calaña y amplios sentimientos), me resultó significativa la manera en la que se retrata lo femenino. Son diez las mujeres relevantes en la historia, de las cuales sobresale Teresa, interés romántico de tres de los cuatro protagonistas (sí, Gamboa debe ser contado como un personaje principal) y la Malpapeada, que, aunque perra, es sobre quien se focaliza lo que se concibe de una fémina:


Es triste que la perra no esté aquí para rascarle la cabeza, eso descansa y da una gran tranquilidad, uno piensa que es una muchachita. Algo así debe ser cuando uno se casa. Estoy abatido y entonces viene la hembrita y se echa a mi lado y se queda callada y quietecita, yo no le digo nada, la toco, la rasco, le hago cosquillas y se ríe, la pellizco y chilla, la engrío, juego con su carita, hago rulitos con sus pelos, le tapo la nariz, cuando está ahogándose la suelto, la agarro el cuello y las tetitas, la espalda, los hombros, el culito, las piernas, el ombligo, la beso de repente y le digo piropos: “Cholita, arañita, mujercita, putita”. (p. 363)


La mujer se figura en la obra como deseo (Pies Dorados), madre (las de Arana, Jaguar y el Poeta), refugio (la tía de Teresa, aunque a regañadientes), esposa trastornada o sumisa (nuevamente, las del Poeta y el Esclavo, respectivamente), damita ideal (Helena o Marcela, más esta última). Me es difícil clasificar a Teresa, porque significó más, todo y nada: el amor ideal y el terrenal, la bondad y la mezquindad, el paréntesis que se desea y del que se harta, una huachafa o una mujer real. 


Otro punto que merece mención en estas breves líneas, es aquel sobre el ejercicio de la escritura. Así, magnífico el apartado segundo del capítulo sexto en el que se narra el nacimiento del Poeta. Las frases absurdas y pornográficas que ensaya, la voracidad de su pluma (en menos de dos horas había escrito cuatro novelitas), la salacidad y diversión de sus compañeros: “”Pajeros, asquerosos, a ver por qué no leen la Biblia o el Quijote”. A esto se le suma el modo en que los altos rangos del ejército desprecian la apreciación de Gamboa sobre la verdadera causa de la muerte de Arana: “Usted debe leer novelas, Gamboa”, lo acusan, como si lo suyo -su sentido del honor y la verdad y la ley- se descartara por estar infectado de la fiebre de la ficción. Lo mismo ocurrió con Alberto Fernández, el Poeta, la manera de contrarrestar su denuncia y de silenciarlo fue acusar de ignominiosa su escritura.


No he hablado de la ciudad (sí de los perros), conocí Lima en sus páginas, después conocí Lima recorriendo parte de sus calles, sin lo primero no se hubiera dado lo segundo. Lima se redujo a la oposición: Lince o Miraflores, el Jaguar o Alberto, Teresa o Marcela, la continuidad o la redención. 



Por supuesto, quedan muchas preguntas, una buena lectura siempre las deja:  ¿Quién fue el hombre de carácter?¿Él fue realmente el asesino? ¿Qué novela dedica Vargas Llosa a lo femenino? ¿Es Gamboa un héroe trágico? ¿Cómo funcionaba el corazón de Teresa? 


“-Cuatro-dijo el Jaguar” (al iniciar la novela) y “-Cinco-dijo el Jaguar” (al culminarla). Bastó un número condensado en 469 páginas para entender que en una vida todo cabe, que tal vez Lima y el colegio Leoncio Prado (y tal vez nosotros también, lectores) son (o somos) como Paulino, el despreciable vendedor, un injerto de: “ojos rasgados de japonés, ancha jeta de negro, pómulos y mentón cobrizos de indio, [y] pelos lacios”. 


PD: Terminé la lectura del libro el nueve de enero, pero hasta anoche, once, logré culminar la reseña. Luciana cumplió 7 años, fue una bella fiesta, bella por la alegría en sus ojos y por el compartir con niños. Liverpool avanzó en la FA Cup, derrotó al modesto Accrington. La tarea del olvido continúa.

domingo, 5 de enero de 2025

"La clase de griego" Han Kang - Reseña

 5 de enero de 2025


La clase de griego, primer libro del año, primero sin él. Sé que sus ojos ya pasaron por las letras de la coreana, pero ya nunca compartiremos impresiones. Un libro que descoloca.



Publicado en el 2011 y traducido a nuestra lengua en el 2023 por Sunme Yoon, esta novela corta entrelaza la historia de un profesor de griego
ad portas de perder la visión y la de una mujer que, aparte de perder a su madre y la custodia de su hijo, ha perdido también la facultad de hablar (las palabras están atoradas en un lugar más lejano que la boca y la garganta). El lugar de encuentro es justamente la clase de griego en una academia de Seúl, asidero laboral del profesor, y esperanza para ella, pues cree -como ya le ocurrió en su adolescencia- que aprender un idioma lejano y enrevesado le devolverá la voz. 


La novela transcurre en 21 capítulos más bien breves, algunos titulados (Mutismo, Voz, Ojos, Penumbras, Noche, Rostro, Oscuridad, Manchas solares y Bosque submarino), en los que a la par que se intercalan fragmentos de los protagonistas, se acude a la analepsis para dar sentido al presente y a los recuerdos a veces mezclados con el sueño.


Acostumbrada -o, mejor, enamorada- de una prosa como la de Javier Marías, en la que todo es pensamiento, prosa poética fuerte, intertextualidad y fiereza, la de Kang se me antojó al principio brisa y sensibilidad: la descripción originaria de los sentidos, la delicadeza, la pausa de lo simple, … Casi como asomarse a los aforismos de los presocráticos, tan crípticos como cargados de sensación. Justamente por este camino transcurre la obra, pues las clases de griego son un homenaje a la filosofía de Platón y, por su parte, los recuerdos que intercala la autora (sobre todo en la línea narrativa de él, el maestro) son reflexión sobre el lenguaje, sobre la literatura: “Tú lo que quieres es llegar a un estado de sublimación literaria a través del pensamiento” (p. 113).


Así, resulta acertado que las dos presencias intertextuales fuertes sean la de Borges y la de Platón. ¿Cuál es el filo acerado de la espada que nos separa de la belleza, de la vida, del amor, del mundo de las ideas? La ceguera y la mudez, a simple vista; el miedo y el ensimismamiento, en un nivel un poco más profundo.  


Me conecté con la lectura en el capítulo decimocuarto, Rostro, dedicado al recuerdo de Joachim Grundell, por las aseveraciones sobre la filosofía, la muerte, el oficio de la literatura; por la ambigüedad del vínculo que los unía (la necesidad del tacto: acariciar como deseo, como supervivencia, como amor, como comunicación): “La belleza tenía que ser [...] unos labios todavía tibios, el frotar con pasión esos labios contra otros labios” (p. 119) y “La primera vez que me abrazaste [...] tomé conciencia de que el cuerpo humano es triste [...] de que es un cuerpo nacido para abrazar y desear el abrazo de alguien”(p.120).


Temas posibles de estudio y análisis: relación recuerdo y sueño, el imperio del silencio, el tacto como necesidad, como cura y comunicación; la imaginación como refugio, la carencia de la sensación y la vida como aprendizaje y padecimiento.


El final del libro deja una enseñanza, me la dejó a mí, al menos: el amor es el cuidado, el amor es la mesura de un beso, la conjunción de dos fragilidades.


Cierro esta reseña con dos preguntas y unas líneas que me dejan Han Kang, a la cual espero volver a leer este año, con otro ánimo en mi sangre: ¿Cuál es la temperatura de las palabras? Y ¿Cómo pensar sin palabras?


Un buen libro no puede tener final, porque los fragmentos de vida (lo único a lo que podemos asistir) tampoco lo tienen; “sin embargo, mana la sangre y brotan las lágrimas”.




Wendy Austen.


PD: Luciana sabe jugar Uno, ama la carta mágica, pero no la usa, tal vez es su manera misteriosa y prosaica de enseñarnos que debemos conservar y luchar por lo valioso, así el mundo nos diga otra cosa. Cumplirá pronto siete años, es necia y consentida, la amo (amamos tanto).


Liverpool empató hoy ante el Manchester en Anfield, sabe a derrota. Es la primera temporada sin Klopp, me niego a admitir que Slot puede ser mejor.


Gabriela Luciana

Hace diez años (qué recuerdo tan nítido) recibí una llamada en medio de la noche. La hora me asustó. "Aníbal nunca llama a esta hora. E...